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Cerezos en flor

Cerezos en flor

Trudi y Rudi son un matrimonio a las puertas de la jubilación.Sólo Trudi sabe que su marido,Rudi,sufre una enfermedad terminal, y decide no contarle la gravedad de su enfermedad y seguir los consejos del médico de hacer algo juntos,algo que deseaban hacer mucho tiempo.Por este motivo,Trudi convence a Rudi para visitir a sus hijos y nietos que viven en Berlín.Una vez allí,se dan cuenta de que sus hijos están completamente inmersos en su vida y se sienten fuera de lugar. Por eso,deciden visitar el mar Báltico y justo en pleno viaje,Trudi muere.Rudi se sentirá más pérdido y sólo que nunca, y a través de la novia de su hija,descubrirá de imprevisto que el amor que Trudi sentía por él, le había apartado de la vida que siempre había soñado tener:Japón,su país de origen y la danza denominada Butoh,su verdadera pasión.

Rudi se siente culpable,a sus espaldas soporta la carga de haber apartado a Trudi de sus sueños,su cultura,su raíz, y a modo de redención o de compensación post-muerte,decide viajar hasta Tokio,donde vive el tercero de sus hijos y donde se está celebrando el festival de los cerezos en flor,una festividad de alude a lo transitorio,a la  intensidad y fugacidad de lo que florece.

Allí Rudi será más consciente de su soledad y de su pérdida,y esa desesperanza le llevará incluso  a ocultar que se viste con la ropa de Trudi y que entabla un diálogo íntimo con ella.Es su manera de sobrellevar el dolor y también una  manera de tener presente a su esposa.Una vez más ese Tokyo que reflejó Sofía Coppola en "Lost in Translation" y más recientemente Isabel Coixet con su esperado "Mapa de los sonidos de Tokyo", se convierte en el escenario de unas vidas incompatibles,la del padre,que busca ávidamente cualquier cosa que mantenga vivo el recuerdo de Trudi,su mujer, y el hijo que vive solo en Tokio en un edificio que parece una colmena,desarraigado,todo el día trabajando y en esencia,solo.

En mitad de este desencuentro(el hijo le reprocha al padre haber vivido sumergido en su trabajo y en sus rutinas dando la espalda a su mujer)Rudi deambula por la ciudad,se pierde de noche por sus calles iluminadas con rótulos de neón.La casualidad le llevará a toparse con una bailarina de Butoh,tal cual lo fué Trudi, en mitad de un parque, la cual llamará desde el principio su atención.Es muy joven,es huérfana y vive en la calle,ambos unirán soledades(porque a veces la soledad puede ser una llama),compartirán danza y confidencias y finalmente juntos emprenderán otro viaje al Monte Fuji,a cuyos pies la danza se convertirá en el homenaje póstumo de lo que Rudi nunca supo ver o valorar.

Leo una entrevista a la directora de origen alemán Doris Dörrie y remarca especialmente una constante en la película: el tema de la fugacidad y nuestra incapacidad para aceptar que nada permanece como es, de ahí, nuestro dolor. La película precisamente toma su nombre de los cerezos en flor debido  a esa evocación hacia lo transitorio:incluso el amor es fugaz de ahí que haya que darle la oportunidad de revelarse en su máximo esplendor,incluso sabiendo que su período de floración tiene una duración limitada.De ahí,cuenta Dörrie,que reside en Japón, tengan gente vigilando los árboles para atrapar el momento de floración, porque si te pierdes el momento exacto, tienes que esperar un año entero o a lo mejor toda la vida para volver a contemplarlo. Así ,dice la directora,que en lo que se refiere al amor, hay que estar vigilante,darle la oportunidad de florecer y cuando lo hace, hay que estar ahí para apreciarlo.Hay que dar al cerezo la oportunidad de florecer en todo su esplendor.De lo contrario,corremos el riesgo de cometer el mismo error que Rudi, negando ese momento,ninguneándolo,para evitar que cuando nos queramos dar cuenta de esa belleza,quizá ya sea demasiado tarde  o haya que esperar un año entero o quíen sabe,quizá toda una vida.

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12 comentarios

troyana -

Rita,sé que has vist la pel. lícula,em sona que la vas comentar al teu blog i que et va agradar.És d´una sensibilitat i delicadeza extrema.Gràcies una vegada més,acabaràs per posar-me roja;)

Rita -

Definitivament, són exquisides les teves ressenyes. Gràcies!

troyana -

jordi,ya me contarás.bss

Jordicine -

Se me escapó en su día. A ver si la pillo en DVD. Un beso.

troyana -

Alex,muchas gracias.
Yo estoy totalmente de acuerdo con Dörrie en que nada permanece como es,de hecho gran parte de nuestro dolor y nuestra frustración procede de esa incapacidad para aceptar la naturaleza de lo transitorio,sin embargo,también sé de esas excepciones en las que el amor parece anclado en el tiempo.En esos casos,no creo que no hayan habido cambios también en su forma de sentir,es sólo que las personas han sabido encajar esas transformaciones y amoldarse,ese amor(del que por cierto,aparentemente está" probado" que acaba a partir de cierto tiempo)se ha ido matizando y convirtiendo en otro sentimiento menos pasional y tal vez más profundo y humano.
En cualquier caso,estoy absolutamente de acuerdo con lo que dices de que "No se trata de perder trenes sino de estar preparado para viajar en ellos",es así.
Pero el florecimiento al que alude esta película interpreto se refiere a saber apreciar,percibir y valorar el amar y ser amados,cuando ese milagro ya se ha producido.Es decir,a no mirar hacia otro lado,como le pasó al pobre Rudi,sino vivir ese esplendor como si mañana mismo fuera a acabar,porque de hecho,no hay garantía de que vaya a mantenerse y perdurar.
1 abrazo

Alex -

Como siempre, una reseña excelente, Troyana. No he visto la película, pero tengo la sensación de haberlo hecho. No pinta nada mal.

El amor, como apunta Dörrie, es una sensación efímera, no lo niego. Pero sé, porque he sido testigo de ello, que hay excepciones que atornillan el tiempo. No se trata de perder trenes sino de estar preparado para viajar en ellos.

Sobre amor y decepción se podría hablar años sin llegar a ninguna conclusión.

Besos, Troyana.

troyana -

Antígona,me alegra te haya gustado la entrada.
Lo cierto es que los occidentales tenemos mucho que aprender sobre Oriente,en este sentido,los Cerezos en flor son una lección para que aprendamos a aceptar lo transitorio,porque nada,absolutamente nada permanece como es.
Me acabo de acordar de una escena, me parece que era de "Smoking room", en la que un personaje fotografiaba la misma esquina de una calle un día tras otro a diferentes horas del día y todas eran diferentes y cargadas de nuevos y asombrosos matices.Nosotros estamos en evolución constante y nuestras circunstancias varían al compás de un son que no dirigimos del todo,pretender que nada cambie,que todo perdure,que permanezca inalterable,es sencillamente una ilusión.
La película es una maravilla,delicada,serena,hay que verla sin prisas,extrayéndole todo el jugo.Su interpretación se vuelve intimista y profundamente humana.
Rudi como tú dices,está a tiempo de enmendar su error pero sólo él será testigo de esa redención,porque Trudi ya no está y ya ha pasado su momento de espledor y florecimiento¿se lo perdió o lo supo disfrutar?esa es la duda que le acompaña y lo atormenta.
La soledad,la pérdida,la fugacidad son constantes en estos "Cerezos en flor".
Antígona,no la dejes escapar y ya me contarás.
1 abrazo

Antígona -

Uff, Troyana, has conseguido que se me ponga la piel de gallina tanto con tu descripción de la película como con lo que cuentas de la entrevista a Doris Dorrie.

Es cierto que no somos conscientes de la fugacidad de lo que nos rodea. O que no queremos serlo y huimos de ella, porque preferimos creer que todo lo que nos alimenta durará para siempre, que lo que más apreciamos y queremos permanecerá eternamente a nuestro lado. Nos aterra la posibilidad de perderlo y tal vez por ello, por no querer ver ese carácter transitorio y efímero de todo, no somos capaces de exigir a cada momento que lo que en él acontece se muestre en todo su esplendor. Tendemos a vivir como si siempre hubiera aún tiempo por delante, posponiendo tal vez la exigencia de ese brillo. Pero si fuéramos lo suficientemente valientes como para asumir que lo que más valoramos puede desaparecer un buen día de un plumazo, sin causas ni explicaciones, nuestra actitud hacia el presente sería muy distinta, y no tendríamos que lamentar después el haber dejado pasar nada de largo por esa confianza errónea en la permanencia.

En cualquier caso, es bonito que a Rudi aún le sea concedida, aunque a destiempo, la posibilidad que no supo ver en su momento. Que haya podido en cierta manera enmendar su error comprendiendo mejor cómo fue su vida y qué perdió en ella por su ceguera. No de otra forma puede uno morir reconciliado consigo mismo, después de haber descubierto las equivocaciones cometidas en el momento en que no hay vuelta atrás con respecto a ellas.

Me ha encantado su post, Troyana. Ya me pongo a buscar la peli :)

Un beso

troyana -

Atikus,ya te adelanto que la película es nada sensiblera y sí detallista.Hay que verla con calma y detenimiento,son muchos los frentes que serenamente abre y aborda y sí Japón ha de ser un país como mínimo impactacte.
bss

atikus -

La peli iene una pinta estupenda, no sé sialgo sensiblera, no lo parece, pero desde luego la pinso ver. El japón es algo que últimamente me tiene muy interesado éste año tyenia pensado ir 3 semanas pero el viaje se fastidio por motivos personles de una de las personas con las que iba, se puso muy enferma su madre...bueno el caso es que esta pendiente el viaje, tengo ganas de conocer ese pais..pero esta tan lejos...

bsstos

troyana -

Dama,
vengo de leer tu entrada y veo que te ha conmovido la película,que en mi opinión,es una maravilla.
Cargada de pequeños detalles,la directora, que es alemana y reside en Japón,ha sabido tender ese lazo entre ambas culturas y mostrarnos rasgos humanos comunes y universales tales como el sentimiento de pérdida o el arrepentimiento de no haber sabido valorar a quíen tuvimos al lado y se fué.
Por cierto,tal cual te dejo en el comentario de tu post, la interpretación del actor principal Elmar Wepper me parece magistral.
biquiños
biquiños para ti

La Dama Se Esconde -

Te dejo el enlace de mi entrada a esta maravillosa película. Y si no la viste, te recomiendo Cuentos de Tokio.

http://tartarugamxica.blogspot.com/2009/04/cerezos-en-flor.html

Al leer tu texto, me vuelven a la memoria muchas de las escenas tan emotivas: el mimo con el que ella le ayuda a sacarse la chaqueta y le pone las zapatillas en casa, ese abrazo bajo su propia chaqueta a orillas del Báltico, él totalmente perdido tras su muerte, la chica en el parque dejándose llevar por la intensidad de la danza, con el teléfono rosa, su propia danza bajo el reflejo del Fuji. De lo mejor que he visto este último año.

Biquiños
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