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Cuando los dioses quieren castigarnos....

Hace ya algún tiempo,escuché en boca de un famoso cantante una frase que me dejó como poco pensativa:"Cuando los dioses quieren castigarnos,escuchan nuestras súplicas".Y lo cierto,es que en los últimos meses,puedo dar fe de ella,especialmente en el terreno de la amistad.Esto es concebible desde mi punto de vista cuando nuestro deseo no entraña el perjucio a terceros y está motivado por una fuerte convicción de que sencillamente es posible sin ningún género de dudas, pero quizá lo más significativo sea que ese deseo no sea producto de tu ego y sí de tu corazón.Y ahí está el quid de la cuestión.Y el reto de los retos.Os dejo un pasaje de Walt Whitman que procuro tener presente a menudo....está extraído de "Hojas de hierba"

Existo como soy,con eso basta.
Si nadie más en el mundo lo sabe, permanezco sentado,contento,
y si cada uno y todos lo saben, permanezco sentado, contento.
Un mundo lo sabe, y para mí es con mucho el más grande,
y ése soy yo mismo.
Y si recibo el reconocimiento hoy en diez mil
o diez millones de años,
puedo recibirlo ahora con alegría, o con igual alegría,
puedo esperar.

Así que visto lo visto, hay que andar con ojo con lo que se desea, no sea que los dioses( en nuestro caso, los del Olimpo) opten por escuchar nuestras súplicas....puedo dar fe de que al menos aquí en Troya,suele pasar.
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2 comentarios

troyana -

JIP,
y no tienes que renunciar a desear.la clave está en que tus deseos sean producto de tu corazón y no de tu ego.Y ésa es tarea complicada para todos, porque el ego se encarga de hacernos creer que es nuestro verdadero yo.Nos fomenta el miedo, la desconfianza,la vanidad,el apego,el egocentrismo, la irritación...todo lo que en realidad nos aleja de nuestro yo más espiritual.Por eso a la hora de desear hay que pensar bien por cual de los dos yos nos estamos dejando llevar,el falso yo del ego o el yo espiritual.

JIP -

No pienso, pese a todo, renunciar a una de nuestras mayores y mejores libertades; la de desear... pese a quien pese y pase lo que pase... porque en eso ni los dioses se nos asemejan, pues todo lo son y todo lo tienen, y nada poseen por lo que luchar, a nada pueden aspirar... nada saben de anhelar...

Así, un deseo derrotado es sólo la bajada de una cúspide de júbilo y energía infinitas que nadie nos puede quitar...
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